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LA HISTORIA DE ANA
Ana no tenía inspiración, tenía que escribir un cuento sobre ´´Rascafría´´ y no sabía por donde empezar. Erase una vez... no, no podía comenzar de esa manera, pues había leído muchos libros que empezaban así, y su libro quería que fuera original. Y de repente se le ocurrió una genial idea. Fue al bosque “Finlandés” y allí comenzó a escribir su cuento.
Era un día normal en el bosque Finlandés, un día caluroso, y
Alejandra… -Si ese nombre le gustaba pues sus
padres habían pensado en ponérselo- estaba
sentada junto a la orilla del lago, contemplando el precioso paisaje, hasta que
una aguda voz la sobresaltó:
-¡¡Alejandra, Alejandra!!- gritaba la aguda voz. La
chiquilla se giró y vio a… ¡¡un ENANO!! Pero antes
de que pudiera preguntarle nada se vio rodeada de un montón de enanos que le
gritaban. Alejandra sobresaltada les preguntó:
-¿Qué queréis?
Hubo un breve silencio, pero pronto empezaron los cuchicheos
entre la multitud y de ella salió un pequeño individuo, que a juzgar por su
vestimenta parecía el rey y dijo:
-Alejandra necesitamos tu ayuda…
Ana estaba muy feliz. Le estaba saliendo el libro a las mil
maravillas, pero la alegría se le fue de la cara en cuanto oyó una voz
atronadora a sus espaldas:
-pero, ¿se puede saber dónde te habías metido? Estaba muy
preocupada.
Ana se giro y vio aterrada la silueta de su madre.
- Pe… pero … . – dijo Ana.
– Nada de pero,
andando a casa.
Las dos volvieron juntas a casa y allí les esperaba una
abundante comida, llena de cosas deliciosas. Al parecer iba ir un señor
importante, es decir, traducido, aburrimiento asegurado. Y mientras en la
comida hablaban de cosas importantes Ana pensaba en como continuar su cuento. Cuando
acabaron, salió disparada hacia su habitación a continuar su cuento.
- Nuestra especie está en peligro debido a los humanos,
porque con esa sauna que han puesto al lado del lago nuestros nidos se
calientan y nuestras pobres crías se mueren de calor. Necesitamos que la quites
por favor…
- Vale. - aceptó
Alejandra.
Así que como lo había prometido fue al ayuntamiento y se lo
contó todo, pero lo único que consiguió fue una colosal carcajada del alcalde. Fue
en busca de los obreros pero la única respuesta que recibió de de ellos fue:
- No tenemos tiempo para tonterías vete a contarle eso a
otra persona.
Así que volvió al bosque Finlandés un tanto decepcionada. Se
tumbó y empezó a estrujarse la cabeza, y cuando tan sólo habían pasado unos 10
minutos se le ocurrió una fantástica idea, empezó a coger todos los nidos de
los enanos y poco a poco los fue llevando a la otra orilla.
Cuando llegaron los enanos de trabajar y no encontrar sus
nidos le preguntaron a Alejandra:
- ¿Qué ha pasado con nuestros nidos?
La chica no sabía como reaccionarían los enanos así que se
lo contó. Pero al hacerlo cometió un grave error, pues los enanos se enfadaron
de tal forma que uno le gritó:
- ¡¡Tú eres tonta , esas casa eran
de nuestros antepasados, y tú lo has destrozado todo!!
Alejandra contestó temblorosa y a la vez angustiada:
- yo…yo…no sabía nada. Lo…lo siento.
Pero los enanos no parecían comprender a la pobre chiquilla
y estaban en posición de atacarla cuando de repente salió de entre los árboles
una pequeña niña más o menos de la edad de Alejandra. La niña era un poco más
baja que Alejandra, pero estaba repleta de colgantes y de amuletos que le daban
pinta de adivina. La niña se llamaba Aragua y era muy guapa. Los enanos al
principio parecían temerla, pero pronto la preguntaron:
- ¿Cómo te llamas? y ¿Quién eres? .
La niña hizo caso omiso de las preguntas que ellos la hacían,
pero de pronto dijo:
- Si os llevo al agua y allí os protejo ¿la dejáis en paz?.
No hubo respuesta así que la chica dijo:
- Está bien me llamo Aragua y soy una sirena.
Y pronto vio a los enanos sonriendo abiertamente y que contestaban
al unísono:
- ¡Sííííííííííííí!
Y como podéis imaginar colorín,
colorado este cuento se ha acabado.
Ana estaba feliz le había quedado el libro genial y estaba
ansiosa por saber quién iba a ganar el concurso, fue corriendo a entregarlo y
al cabo de unos días le mandaron una carta de que había ganado el primer premio.
Salió al campo a celebrarlo. Y si conocéis a alguna Ana ya mayor vivaracha y
alegre con una amplia sonrisa puede que sea nuestra pequeña escritora del
bosque Finlandés.
Fin