El jardinero (Rabindranath T. Tagore)

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Fragmento:

16

Las manos se cogen de otras manos y los ojos se quedan fijos en tus ojos... Es el principio de la historia de nuestros corazones.

Es una noche de Mayo, brilla la luna, y el suave olor de plantas aromáticas se esparce por el aire. He dejado mi flauta olvidada y tú no has acabado de tejer tu guirnalda...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Tu velo azafranado me encandila. La corona de jazmines que has trenzado para mí me inunda el alma como un dulce piropo... Jugamos a dar y a hacer como que damos, a aparecer y a escondernos. Sonrisas, timideces, dulces peleas en broma...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

No hay misterio en este amor más allá de lo que se ve, ni deseo de alcanzar lo imposible, ni oscuridades tras el encanto, ni búsquedas en el abismo de la penumbra...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Las palabras no nos sumen en un eterno callar, ni elevamos al vacío las manos por encima de toda esperanza. Unicamente dar y recibir... No hemos pisado el gozo hasta extraerle el vino de la pena...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

(Pág. 40)