Castillos de Leyenda

(David Day - Ilustraciones: Alan Lee)

Mi Rincón Literario

INICIO / HOME

Logo Gonzalo Montero

LIBRO DE VISITAS

 Firmar - Leer

Envíanos tus comentarios


Las Murallas de Ásgard

    Cuando quisieron construir las murallas de Ásgard, los propios dioses se dieron cuenta de que ninguno de ellos era capaz de llevar a cabo aquella obra monumental. Así pues se vieron obligados a llegar a un acuerdo con el único ser de los Nueve Mundos que se hallaba en condiciones de realizarla. Se trataba del malvado gigante y hechizero Hrimthurs.

    Los dioses estaban convencidos de que no tendrían que pagar nunca sus servicios, pues pusieron un año como plazo para el acabamiento de las obras, lo cual suponía un ritmo de trabajo insostenible incluso para un arquitecto tan descomunal como aquél. Sin embargo, no habían contado con Svadilfari, el caballo del gigante. El prodigioso animal obedecía las órdenes de su dueño con tal celeridad que al poco tiempo resultó evidente para todos que el maestro iba a acabar las obras en el plazo acordado.

    Los dioses no podían permitirlo, pues, de hacer efectivo el pago, deberían entregarle a Freya, la diosa, junto con la luz del sol y de la luna y el elixir que les ayudaba a mantener su inmortalidad. De modo que se encargó a Loki, el dios de las artimañas, que se apoderara del caballo mágico del arquitecto. Loki se metamorfoseó en yegua y con este ardid pudo llevarse lejos de allí a Svadilfari. Fruto de aquella unión sería Sléipnir, el caballo de Odín, provisto de ocho patas. Cuando el gigante se presentó encolerizado ante las divinidades para pedir una reparación por tal iniquidad, Tor, el gran dios del trueno, levantó el martillo con el que producía el rayo y lo descargó contra aquel ser malvado.

    Tal fue el comienzo de la colosal guerra que enfrentó a los dioses y los gigantes. Y debido al engaño urdido contra el constructor de Ásgard, daba la impresión de que el reino de los dioses había quedado maldito para siempre. En último término los gigantes se verían vengados, pues en las alternativas de la gran conflagración final cayeron las murallas de Ásgard. Además, en el transcurso de aquella vasta destrucción, todo cuanto existía en los Nueve Mundos fue asimismo arrasado. Se produjo entonces el holocausto universal, Ragnarok, el crepúsculo de los dioses.

(Págs. 41-43)