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Narraciones Extraordinarias (Edgar Allan Poe)

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Fragmentos: 

Narraciones Extraordinarias -- Edgar Allan Poe

EL GATO NEGRO

Ni espero ni quiero que se dé crédito a la historia más extraordinaria y, sin embargo, más familiar que voy a a referir. Tratándose de un caso en el que mis sentimientos se niegan a aceptar su propio testimonio, yo habría de estar realmente loco si así lo creyera. No obstante, no estoy loco, y con toda seguridad, no sueño. Pero mañana puedo morir y quisiera aliviar hoy mi apenado espíritu . Deseo mostrar al mundo, clara y concretamente, una serie de simples acontecimientos domésticos que, por sus consecuencias me han aterrorizado, torturado y anonadado. A pesar de todo no trataré de esclarecerlos. A mi casi no me han producido otro sentimiento que el de horror. Pero a muchas personas les parecerán menos terribles. Tal vez más tarde haya una inteligencia que reduzca mi fantasía al estado de lugar común. Alguna inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, encontrará tan sólo en las circunstancias que relato con terror una serie normal de causas y de efectos naturalísimos.

(Pág. 181)


EL ESCARABAJO DE ORO

Alrededor de este punto trazó un nuevo círculo, un poco más amplio que el primero y volvimos a empuñar la azada. Me hallaba terriblemente cansado; pero, sin comprender lo que había ocasionado aquel cambio en mi pensamiento, no sentía ya aversión por aquel trabajo forzado. Ahora me excitaba. Es posible que, en todo el extravagante comportamiento de Legrand hubiera cierto aire de prescencia, de deliberación, que me impresionaba. Cavaba con ardor, y de cuando en cuando me sorprendía buscando, por decirlo así, con  los ojos, movido de un sentimiento que se parecía mucho a la ansiedad, aquel tesoro imaginario, cuya visión había trastornado a mi infortunado camarada. Me hallaba en uno de esos momentos en que tales fantasías mentales se habían apoderado más a fondo de mí, y llevábamos trabajando quizá una hora y media, cuando fuimos de nuevo interrumpidos por los violentos ladridos del perro.

(Pág. 85)