La última legión (Valerio Massimo Manfredi)
| Comentarios Literarios de Héctor Javier |
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El campamento
de la Legión Nova Invicta, una de las últimas fuerzas leales al César, es
asaltado por tropas del general germánico Odoacro. En el soldado Aurelio se
deposita la confianza para salir en busca de ayuda. A su arribo al campamento
de extramuros del Comandante Flavio Orestes, se encuentra con la devastación
producida por orgías de sangre y vejaciones a una multitud desprevenida. Sólo
queda vivo, aunque herido de muerte, el propio Orestes, quien en su último hálito
de vida le suplica rescate de las garras bárbaras a su hijo Rómulo Augusto
(el último emperador romano) y su mujer Flavia Serena. Servida la cena, podemos sentarnos a la mesa. El plato principal es una novela histórica, y el chef, el italiano Valerio Massimo Manfredi: arqueólogo, profesor universitario y escritor. Versado en temas de la historia antigua y profundo estudioso de la época, cuenta en su haber con artículos de divulgación histórica y novelas de este corte, entre las que sobresale la trilogía Aléxandros, sobre la vida del conquistador macedonio Alejandro Magno. |
Tríada
esta que lo convirtió en uno de los más leídos autores del género. La última
legión, recogiendo en cierto modo los frutos de los Aléxandros, y
en comparación con los cuales es ampliamente inferior, ha vendido miles de
ejemplares en no pocos países, no obstante estar muy lejos de ser una auténtica
obra de arte. Se trata de una novela a la usanza de los clásicos de aventuras,
entendiéndose por clásicos los arquetipos del género y las pautas del
mismo, entre las que sobresalen la exposición de los protagónicos a
situaciones límite y una trama nada difícil de adivinar por lo tradicional de
su cauce.
Típico
del género también, la caracterización psicológica de los personajes es bien
pobre, al extremo de los estilados infantiles del bueno y el malo. Tal vez se
desprenda un haz de injusticia tildándolos de infantiles, cuando el esquema es
el plato fuerte de la mayoría de las telenovelas que se producen hoy día, que
sin embargo cuentan con un elevadísimo índice de teleaudiencia,
predominantemente femenino.
Aún
así, el libro no deja de resultar ameno e incluso devenir adictivo. Manfredi
tiene buenas mañas para crear una situación dramáticamente intensa, trucos
como la adaptación de la naturaleza al clima de la situación, y utilizar el
destino como un elemento de peso se le dan muy bien, aunque a veces abuse de
ello. Para despertar la emotividad y provocar la identificación del lector con
sus héroes, explota con exquisita sutileza dos grandes valores humanos como
hilos rectores: el patriotismo y la fidelidad. Con el objetivo de darles cuerpo,
aparecen símbolos que se reiteran en proporcionadas dosis, tales como el águila
que representa a Roma y el uso de cánticos e himnos donde se realzan la lealtad
y el sentimiento de pertenencia.
En
fin, que a pesar de una trama de acción que hemos visto no pocas veces (ya
expliqué anteriormente), tiene a su favor, una muy buena ambientación que se
apoya fundamentalmente en la descripción como forma elocutiva, y un acertado
uso del lenguaje de la época. De modo que una de las cosas que más se
agradecen, es precisamente el encuentro de cerca con la civilización romana,
una civilización que según el propio autor ha referido, tendría mucho que
enseñarnos hoy.
Héctor Javier Pijeira hjpijeira@yahoo.com
Algunas
extracciones de La última legión
En
estas frases están plasmadas algunas inquietudes de los personajes de La última
legión o algunos fragmentos que acapararon mi atención.
En
un cierto sentido es verdad todo aquello en lo que creemos.
...existe
otro mundo, aparte del que nosotros conocemos, el mundo de los sueños, de los
monstruos y de las quimeras, el mundo de los desvaríos, de las pasiones y de
los misterios. Es un mundo que en ciertos momentos nos roza y nos mueve a
acciones que no tienen sentido, o bien, simplemente, nos hace estremecer, como
un soplo de aire helado que atraviesa la noche, como el canto de un ruiseñor
que surge de la sombra. No sabemos hasta dónde se extiende, si tiene límites o
si es infinito, si está dentro o fuera de nosotros, si adopta las apariencias
de lo real para revelarse o más bien para esconderse. Las profecías son
semejantes a las palabras que un hombre dormido pronuncia en sueños.
Aparentemente no tienen sentido, en realidad surgen de los abismos más recónditos
del alma universal.
Es
la miseria la que produce los bandidos.
El
conocimiento no es nada si no nos proporciona los medios para afrontar la vida.
Sólo
la religión parecía tener aún la virtud de mantener unidos a los hombres con
su promesa de inmortalidad, con su esperanza de felicidad en otra vida, pero sólo
superficialmente.
La
fe, hijo mío. La fe que mueve montañas. No la fe en un Dios con quien no están
acostumbrados a contar. Tienen fe en el hombre, incluso en esta época oscura,
pese al desmoronamiento de todos los ideales y de todas las certezas.
...no
hay civilización que no entrañe un cierto número de actos bárbaros y no hay
barbarie que no contenga algún germen de civilización...
-¿Y
qué es, según tú, la civilización?
-Civilización
significa leyes, ordenamientos políticos, confianza en el derecho. Significa
profesiones y oficios, vías y comunicaciones, ritos y solemnidades. Ciencia,
pero también arte, sobre todo arte; literatura, poesía como la de Virgilio que
hemos leído tantas veces juntos: actividades del espíritu que nos hacen muy
parecidos a Dios. Un bárbaro, en cambio, es muy parecido a una bestia. No sé
si me explico. Ser parte de una civilización te da un orgullo especial, el
orgullo de participar en una gran empresa colectiva, la más grande que le haya
sido dado llevar a un hombre.
¿No
existe paz en este mundo? ¿No existe un lugar en el que se pueda vivir en paz?
Hasta
la lengua común, el latín, que había unido a decenas de pueblos, usado y
hablado todavía en sus formas más nobles por los notables, por los rétores y
por los eclesiásticos, en el ámbito popular se estaba fragmentando en miles de
hablas locales, no sólo poniendo el énfasis en los acentos de las antiguas
gentes que habían poblado Italia antes de la conquista romana, sino también
evolucionando rápidamente en nuevas hablas ligadas exclusivamente a las pequeñas
comunidades regionales, cada vez más cerradas en sí mismas.
Un
diolkos: un paso terrestre para las naves que deben superar un obstáculo
natural. Había uno en el estrecho de Corinto en la Antigüedad, verdaderamente
espectacular.