Por quién doblan las campanas (Ernest Hemingway)

Comentarios Literarios de Héctor Javier

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Por quién doblan las campanas está reconocida como una de las mejores (muchos críticos dicen que la mejor) novelas que tienen por escenario la Guerra Civil Española, de 1936 a 1939.

Por lo general, la obra se edita en dos tomos por su extensión. Dos tomos en compañía de Robert Jordan, el personaje protagónico. Si alguno ha leído La vuelta al mundo en 80 días de Verne, puedo decirles que psicológicamente es muy parecido a Mr. Fileas Fog. Ese tipo de persona que siempre permanece inmutable, serena, que siempre encuentra una solución razonable para los problemas.

A Jordan lo llegamos a tener bien cerca, y se puede decir que a lo largo de la obra, él mismo nos da la oportunidad de conocerle, pues el monólogo, utilizado ampliamente en toda la obra, se convierte en una auténtica y reveladora conversación entre Robert Jordan y su conciencia, de la que intencionalmente, el autor nos ha hecho partícipes.

Frecuentemente, este hombre va a perder su protagonismo, para dar lugar al desenvolvimiento de otra trama paralela, que a veces dan la sensación de que la obra se extiende por donde menos debiera. Con este efecto de panorámica general, está logrando Hemingway un estado entre la incertidumbre y la desesperación, que bien pueden ser características de cualquier conflagración, y reforzando una idea que se trabajan en todo el libro: La guerra ni es cosa de juegos, ni es amiga de la vida.

Precisamente, en un libro de guerra no pueden faltar disertaciones sobre la muerte, una palabra que nos encontraremos no pocas veces. Así, escucharemos desde opiniones de gitanos analfabetos sobre el olor de la muerte hasta los racionales criterios de Jordan. De modo que una vez más, el polémico tema de la superstición, la religión y la iglesia estará ante nosotros.

Existe una tendencia a cerrar ciertos capítulos con descripciones de sucesos meteorológicos, a modo de dar la idea de fin por ese cambio de tema respecto a la idea esencial del capítulo.

Esta presencia de la naturaleza en la obra de Hemingway funciona además como un refrescador de pantalla, es decir, luego que el lector participó del conflicto lo lleva a un momento de relajación para adentrarse en el próximo. A la vez contribuye a darle unidad a la obra.

En lo que respecta a las relaciones humanas, no escaparán las discrepancias, el amor y la camaradería.

La ironía se convertirá en un recurso que disfrutaremos mucho y que siempre aportará una materia prima para la reflexión.

Sobre el final, sólo apuntar que es uno de los más insólitos que he leído, pero no lo comento para que quien lea este escrito se embulle a leer el libro, un libro que sin dudas constituye una auténtica obra de arte.

Estas son cuatro frases extraídas de la obra:

“La disciplina tiene que venir de la confianza”

“Hay que aceptar muchas cosas para ganar una guerra”

 “Enfurecerse es uno de esos lujos que no puedo permitirme.”

 “Siempre tengo los datos equivocados, es propio de periodistas.”

   

Aquí estuvo leyendo sobre Por quién doblan las campanas, del norteamericano Ernest Hemingway, que alcanzara en el año 1954 el premio Nobel de Literatura.

Héctor Javier Pijeira hjpijeira@yahoo.com