CONVIVENCIA (Comentario Literario de Armín Alfonso Soler)
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Hoy es un día muy triste para mí. He perdido a mi mejor amigo. Lo he perdido
por la estupidez más grande que pueda imaginarse. Realmente sé lo que sucedió,
pero todo iba tan bien... a pesar de... Fue culpa de haber lastimado la horrible
criatura que trajo ayer su hermano a la casa. Juro que no fue mi intención. Sólo
quería jugar un poco con aquel bicho peludo. Quizá eso fue una traquimaña que
usó El Pelirrojo para enemistarnos. Yo nunca le he caído bien no sé ni por qué.
Amigo y yo nos conocimos en la playa. Yo paseaba con Mamá y Papá como cada mañana
acostumbrábamos hacer después de comernos el desayuno. Ese día había mucho
ajetreo en la desembocadura del río y decidimos andar entre los mangles, así
nadie nos molestaría. Andar por los mangles no es cómodo. Todavía no
comprendo qué real importancia tiene habernos alejado de la orilla como sugirió
Papá. Quizá no los hubiera perdido si hubiésemos seguido juntos por la ribera
del río. El hecho es que sí, nos separamos y ya es hoy y no nos hemos vuelto a
ver.
Amigo y yo visitábamos todas las mañanas el río y caminábamos por la playa.
Si no me hubiera recogido aquella mañana no sé que hubiera sido de mí, solo y
sin saber qué rumbo tomar. Jamás había caminado cinco pasos más lejos de la
orilla. A los más pequeños no se nos permite aventurarnos solos en el monte.
Él me encontró y me llevó para su casa.
Al principio no nos entendíamos bien. Teníamos gustos y costumbres diferentes;
pero lo peor fue que ya su familia me aceptara; sobre todo su hermano El
Pelirrojo. Recuerdo que una vez me encerró en el baño de la casa. Estuve toda
la noche allí. Amigo había salido a divertirse con su novia. [única
referencia al personaje]
Esa noche dormí en el baño. Al amanecer la mamá de Amigo y El Pelirrojo se
asustó mucho cuando abrió la puerta y me vio dormido en la bañadera. Gritó y
gesticuló como una garza blanca. Tuve miedo que me echara de la casa pero Amigo
se las arregló para tranquilizarla. A fin de cuentas yo no tuve la culpa.
"¿Cómo iba a cerrar la puerta por fuera?"
Los padres de Amigo pensaban que yo "era un estorbo para la familia, una
boca más que alimentar y que comía mucho". De todo eso no me hubiera
enterado si no me meto debajo de su cama. Son muy medidos en decirnos esas cosas
a Amigo o a mí. Si me soportaban era porque querían mucho a su hijo y no serían
capaces de negarle nada porque Amigo es muy bueno y "él sabe lo que
hace". No así El Pelirrojo.
El Pelirrojo es un odioso que siempre me tira ranas y me tapa la boca con
pega-pega cuando estoy dormido. No tengo el sueño pesado y me despierto; pero
finjo y me dejo amordazar para no caerle mal al Pelirrojo. A fin de cuentas
"está en su casa". Dice Amigo que debería tratarme mejor; que no por
nuestras diferencias tenía que despreciarme ni humillarme. Como cuando me acusó
de haberme comido su almuerzo que dejó "arriba del murito para ir a
recoger un mango" que vio caerse de la mata. Tamaña injusticia aquella.
Pelirrojo dice que yo soy otro de los "amigos raros" de su hermano.
Cuenta que una vez dijo que un perro era su mejor amigo. Habíase visto que
calumnia. Eso es un cuento que inventó El Pelirrojo. ¿A quién se le ocurre
creer que un perro pueda ser el mejor amigo de uno? Yo no me entiendo con los
perros, ni Pelirrojo tampoco. En eso nos parecemos. Sólo que él huye de los
perros y los perros huyen de mí.
A la familia no le ha gustado mucho que Amigo me llevara a vivir para la casa.
Ahora lo comprendo mejor.
Amigo tiene los ojos muy tristes. No dice nada pero yo sé que se le parte el
corazón por dejarme abandonado aquí; pero al parecer la razón del Pelirrojo
ha triunfado. Ahora dice que yo soy peligroso porque lastimé a su bicho. En
verdad lo hice pero no fue mi intención. No somos perfectos, él tampoco.
Una vez derramó a propósito las sobras de mi comida en el suelo, y le dijo a
la mamá que había sido yo. ¡ ! Yo que jamás como en la sala.
Todo el mundo sabe que yo prefiero hacerlo en el patio para disfrutar del
paisaje. El Pelirrojo siempre ha querido hacerme la vida un yogurt.
Amigo tiene en el patio una charca donde jugábamos a menudo... a él el agua le
da por la cintura y no puede nadar porque la charca no es muy grande; pero yo
que soy más pequeño si pasaba largos ratos refrescándome en el estanque; cosa
ésta que molestaba mucho al Pelirrojo. No se cansaba de pregonar que mientras
yo estuviera en el agua él no entraría y cada vez que ha querido tengo que ir
y recostarme bajo la mata de mangos porque de lo contrario va gimiendo y
protestando a darle las quejas al padre de que no no quiero salir de la charca
para que él se meta un rato. Una vez el papá le regañó y le dijo que todos
sus caprichos no podían ser cumplidos, que si no querían meterse conmigo en la
"maldita charca" que esperara que yo saliera de propia voluntad. El
papá es muy bueno; pero de todas formas cuando El Pelirrojo se acerca al charco
yo salgo para que el papá no lo regañe por "llorar por gusto". Sí,
porque El Pelirrojo llora por todo.
Me acuerdo perfectamente de aquella vez que fuimos al zoológico; quería
quedarse con un cachorrito de león que le permitieron cargar unos señores de
uniforme. Hay niños que tienen cada caprichos. Yo pienso que todo era realmente
un complejo. Lo de él era pedir cualquier cosa aunque fuera imposible y decir
su frase favorita: "Si mi hermano fuera el que lo quisiera de seguro se lo
daban", y detrás la pregunta tonta: "¿Por qué no puedo tener un
leoncito en la casa?"
En esa visita al zoológico, por cierto, me pasó algo: vi a alguien que me
pareció conocido y se lo dije a Amigo. No sabía que ningún conocido mío
trabajara en el zoológico. Aunque era raro que no tuviera uniforme como los demás.
No pude ir a saludarlo porque nos estaban buscando y tuvimos que irnos.
Hoy fuimos al zoológico otra vez. Allá fue donde Amigo me dijo que no podía
volver a su casa. BUeno, lo que me dijo fue que buscaríamos a mi conocido para
que me quedara con él.
"¡Nooo, estás loco! ¿Se te olvidó lo que pasó el otro viaje?"
Yo no me quise quedar porque había un viejo grande que me quería encerrar en
una jaula. Que yo "no podía estar suelto por ahí porque alborotaba a los
animales". Realmente hice un poco de travesuras: me metí en el estanque de
los flamencos y se armó tremendo barullo, una gorda de papada blanca formó
tremendo escándalo cuando le agarré una pata por sorpresa. Y el corre-corre
que formaron todos los tipos uniformados detrás de Amigo y de mí para regañarnos.
Pero nos escondimos bien y no nos encontraron. "Muchacho, ¿estás
loco?" si me quedo aquí el viejo no me va a dejar jugar. Seguro me dice
igual que tu mamá cuando está brava: "te quedas ahí quietecito y no te
muevas, si no te tranco en el..."...y por qué ¿no me puedo ir contigo
para la casa?
No pude evitar que se me corriera un lagrimón de los de verdá. De los que
salen del medio del ojo. Debo confesar que aunque critiqué al Pelirrojo yo
también lloro por cualquier cosa. Pero esta mañana lloré de verdá y puse en
una situación difícil a Amigo: sus padres no me querían más en la casa, yo
lo sabía que eso iba a pasar, por culpa del Pelirrojo, yo sabía que un día me
iba a tener que ir y que me tenía que "portar como un hombrecito"
porque Amigo no puede resistirse a una lágrima, ni a una del Pelirrojo, que
siempre son fingidas, y me aproveché de eso. Sus padres pensaron que lo más
aceptable era que me fuera con mi conocido del zoológico pero yo no quería y
aunque sé que estuvo mal usé mi llanto para convencer a Amigo.
"Si no puedo ir para tu casa déjame donde me encontraste, así podré
buscar a Mamá y Papá."
No me lo dijo pero él piensa que nunca más los voy a encontrar. En el fondo yo
lo sé también desde un principio. El Pelirrojo estuvo a punto de delatarlo por
llevarme al río pero lo único que le importaba era que yo me fuera de su casa.
Y lo comprendo. Si yo hubiera estado en el caso de Amigo o Pelirrojo no sé qué
conducta hubiera seguido. Realmente es muy engorroso para ellos vivir con un
cocodrilo en la casa.